Notas

Contra la que ni las llamas del 36 pueden

Hace 75 años, tres cuartos de siglo, quince lustros o más de siete decenas de años. Contemos como queramos contar el tiempo, la brecha dejada en el 36 es enorme para España, que la recorre como una cicatriz blanca de piel tierna en pieles curtidas. En Santiago, el jueves se celebraba una ‘Misa de Desagravio con la que la Hermandad de Nuestra Señora de los Dolores conmemoró los tristes acontecimientos ocurridos el martes día 21 de julio de 1936’. Así lo cuenta Fernando Salas en su blog de consulta Anales de las cofradías de Almería desde el que se sumó, por cierto, al recuerdo con los recordatorios que entregó la Hermandad a su fin. Hace tres cuartos de siglo la Soledad dejaba de ser siglos a empujones de fuego para seguir siendo los siglos con la conciencia lamiéndose/lamentándose de la cicatriz y seguir siendo la Virgen de la gente de siempre. La Virgen de Almería, a la que le rezan los abuelos como a ninguna otra. Víctor González también estuvo y lo fotografió, porque los priostes le pusieron la elegancia y el sabor a las piedras de la capillita de Santa Lucía, que alguien tenía que hacer las fotos que dentro de otros años, como ahora, Almería volverá a ver y saber (lo que viene siendo confirmando la certeza) que en Santiago descansa la gloria con manto negro. Por eso fuimos todos a contemplarla todo un día que dejó las puertas abiertas de Santiago; TODO el día para que, a la Virgen de Almería le rezaran los abuelos como siempre, como a ninguna otra, porque es la Virgen de la gente de siempre contra la que ni las llamas del 36 pueden. A propópsito de esto: espléndida la homilia de Juan José Martín Campos.

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